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El desafío de democratizar el Derecho frente al poder invisible en México

Rubén Islas analiza la necesidad de rescatar el espíritu de la alternancia y la temporalidad en las instituciones mexicanas actuales.

Redacción Crónica Diaria
Foto: sdpnoticias.com

La estructura del poder público en México enfrenta en este julio de 2026 una reflexión crítica sobre su funcionamiento y legitimidad. De acuerdo con el análisis de Rubén Islas, el reto actual reside en evitar que los grupos de influencia se conviertan en estamentos permanentes, contraviniendo los principios fundamentales de la alternancia democrática y la temporalidad en los cargos públicos que la teoría de Montesquieu plantea como pilares del Estado de derecho.

El planteamiento central de Islas sugiere que la democratización del Derecho es el mecanismo necesario para frenar la consolidación de poderes invisibles que operan al margen de la transparencia institucional. Este fenómeno, que se manifiesta en la influencia de ciertos sectores sobre la toma de decisiones, contrapone la eficacia gubernamental con la equidad que debe regir en la relación entre el Estado y los ciudadanos frente a los diversos organismos del Poder Judicial y el Congreso de la Unión.

En su propuesta, el especialista enfatiza que rescatar el espíritu republicano exige una vigilancia ciudadana constante y una renovación de los mecanismos de rendición de cuentas en las Secretarías de Estado y los órganos autónomos. El objetivo es que la administración pública funcione bajo criterios de profesionalismo técnico, evitando que la discrecionalidad se convierta en la norma operativa dentro de las oficinas gubernamentales de la Ciudad de México y otras entidades federativas.

Finalmente, se plantea como una ruta de acción la reforma de los procesos de designación en puestos clave del sector público, buscando reducir el margen de influencia de los grupos de interés. La democratización del Derecho, bajo esta óptica, no solo implica el cumplimiento de las leyes vigentes, sino una reconfiguración de la ética política que garantice que la autoridad sea siempre temporal y sujeta a la voluntad popular expresada en las urnas.

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